El funcionario de Puertos que se transfiguró en un espíritu dionisíaco Por Emiliano Galli- LA NACION


Los discursos y los brindis deberían respetar la progresión cronológica, en ese orden. Nunca al revés. Baco, o su variante griega Dionisos, está siempre dispuesto a empantanar paladares y hacer fofas las lenguas más avezadas en el arte de la oratoria.

Le pasó al empresario naval y subsecretario de Puertos y Vías Navegables, Horacio Tettamanti, días atrás, cuando le brindó a Omar Suárez, secretario general del SOMU, unas palabras durante la fiesta de fin de año de la Fundación Azul.

Tettamanti, a quien se refieren en todo el ambiente político, gremial, naviero y naval, como “El loco”, salió en defensa de un sorprendido Suárez durante la ceremonia, y destiló, soez y sin pureza argumentativa, su visceral interpretación del funcionamiento de los medios: “Esas dos mierdas, de la nacion y de Clarín, permanentemente bombardeando con desesperanza, con desazón, con noticias inclusive falsas, tratando de destruir nuestra autoestimidad [sic]. A Omar no lo van a poder agarrar. Nosotros somos un país de la gran puta. Somos el octavo país del mundo, somos el quinto país deee? patrimonio fluvial y marítimo. ¿¡Como no vamos a levantar las banderas de poner a la Argentina en el lugar que corresponde?!” Las declaraciones fueron reproducidas en el portal Letra P, junto con un video.

Suárez, en cada ocasión que pudo, le dio la espalda -incluso públicamente- a Tettamanti. En su mejor momento de relación con el Gobierno, el gremialista apostó por Sergio Borrelli para el cargo que, finalmente, ocupó el empresario marplatense, que sigue soñando con la intendencia de la ciudad balnearia.

Tettamanti es extremo, pero inteligente. Supo sobrevivir, mediáticamente sobre todo, incluso vaciado de todo poder en la Subsecretaría. Aislado políticamente -salvo por aliados de poco peso y fanáticos de ocasión, como él- pretende imitar alternadamente los juegos discursivos dialécticos de Cristina, con los gritos de barricada camporista, pero cae en la ininteligibilidad de Capitanich y muy lejos de la retórica implacable de un Aníbal Fernández.

Nietzsche recurrió a los dioses griegos Dionisos y Apolo para estructurar su visión histórica. Mientras Apolo ejemplificaba la racionalidad y la mesura armónica, Dionisos encarnaba la pérdida de la individualidad, de la conciencia del Yo, justamente, al abrazar la embriaguez. Tettamanti, por estos días, es un espíritu dionisíaco en total esplendor.

Publicado el diciembre 30, 2014 en News y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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